Soy yo, miedoso: ¿acaso no me escuchas
romper en ti con todos mis sentidos?
Mis sentimientos, que encontraron alas,
giran, blancos, en torno de tu rostro.
¿No ves mi alma qué densa está ante ti
en un traje de calma?
¿No madura mi rezo
de mayo en tu mirada como un árbol?

Si eres el soñador, yo soy tu sueño.
Y si despiertas, yo soy tu deseo
y me hago fuerte en pleno señorío,
y redondo como un silencio de astros
sobre la ciudad mágica del tiempo.

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Me aterra la palabra de los hombres.
¡Lo saben expresar todo tan claro!
Y esto se llama perro y eso casa,
y el principio está aquí, y allí está el fin.

Me espanta su decir, su juego en broma;
saben todo lo que es y lo que fue:
no hay montaña para ellos asombrosa;
su haciendo y su jardín lindan con Dios.

Siempre os he de avisar: no es acerquéis.
Me encanta oír las cosas como cantan.
Las tocáis: y ellas son mudas y quietas.
Vosotros me matáis todas las cosas.

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No debes comprender la vida;
como una fiesta se hará entonces.
Haz que pase cada día
Igual que un niño, al caminar,
deja que cada ráfaga le regale flores.

Reunirlas y ahorrarlas,
no se le ocurre al niño.
Las saca, suave, de cabellos
donde gustaron apresarse
y pidiendo nuevas extiende
sus manos otros años jóvenes.

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